Asunto Internacional
En la vida de un barrendero hay días agobiantes, divertidos, cansados, aburridos, peculiares, raros. Digamos que el de hoy entra en la categoría de extraño por lo confuso, un thriller callejero con tintes surrealistas, sí, creo que más o menos van por ahí los tiros.
Estoy en mi zona barriendo, nada fuera de lo común. Miro el reloj, las 9:50, queda poco para el desayuno y mi mente sólo llega al café con leche caliente, a la tostada doble con aceite, al baño, las manos limpias, el olor a jabón...¡Pum!, un sonido ensordecedor a mi espalda me devuelve al mundo real. Veo un coche subiéndose por encima de la jardinera de la esquina y un montón de cristales sobrevolando otro coche frenado por el impacto. Del siniestrado, de Toledo para más señas, hay que ver que regalito tan majo se lleva de Madrid, sale su ocupante vociferando. Del otro, el agresor, una mujer, joven, delgada, va, resultona, y ¡oh!, el gesto del agredido cambia por completo, eso sí al escuchar las dulces palabras de culpa por parte de la conductora suicida. Hablan un rato, ella explicándole el por qué de haberse saltado un ceda al paso como una catedral a mil por hora. Que si el bambino está solo en casa, que si iba a la farmacia, que si no lo vio...excusas que al toledano le traen al fresco pero que escucha resignado en busca de alguna solución a su guardabarros destrozado. Yo, por mi parte, que no es que no me preocupe el tema, en vista de que no ha habido heridos, me concentro en lo que me toca. Me da que limpiar aquel destrozo me va a llevar tiempo. Cristales desparramados, tierra y hierbajos esparcidos por la calzada, el piloto derecho, restos del guardabarros...pero qué tía tan bestia. Ella empieza a hablar por el móvil a mi lado y por lo del suo bambino y lo del tan cursi en cualquier idioma, amore, deduzco que es italiana. Mujer, italiana, saco mis propias conclusiones. Llega la hora del bocata, ¡mierda!, ahora que estaba tan cerca del desenlace, pero el desayuno es sagrado y me voy al bar sin dejar de pensar en lo que estará sucediendo.
Mi vuelta es aburrida, al final no me he enterado de nada, y me pongo a barrer aceptando lo inevitable, soy peor que una portera. Veo al toledano esperando. No ha venido ni dios en su ayuda, y dudo por un momento si debería limpiar aquel estropicio, yo a lo mío. Se lo comento. Sí, sí, afirma contundente, seguro que la policía no va a venir. Y observo cómo termina de tomar los datos de la amiguita diabólica pasaporte en mano. Va listo si piensa que le va a arreglar los desperfectos, eso lo pienso, pero claro no lo comparto.
Me pongo a barrer, y siento como si estuviera destruyendo las pruebas del delito. Se me ocurre que igual me confiscan mi preciada bolsa verde de basura o, aún peor, que me llevan a comisaría en plan testigo destructor de evidencias. Un diíta de lo más ameno sí señor, sin privarme de nada. La poli viene, él da los datos recopilados, ella explica la situación y la palabra “seguro” sale de su boca, y no para decir que existe...uy,uy,uy, que este no va a cobrar en la vida. ¡Qué putada!. Me voy tan tranquila, que ya me empieza a aburrir el tema, y todos hacen lo propio, total, ya no hay nada que hacer allí. Ya sola vacío una papelera, sí, en el lugar del suceso y ¡oh!, ¿qué es lo que me encuentro?. Pues nada, el carnet de conducir, el de identidad y la tarjeta de nacimiento del hijo de la agresora. Vaya con la italiana. Y lo primero que me viene a la cabeza, es que se ha deshecho de los papeles en medio de la confusión. ¿para qué?, pues qué sé yo pero es lo que se me ocurre así al pronto. Lo miro con detenimiento. Podría dárselo a la policía pero...y es ahí que me siento una especie de chivata de El Padrino, con la correspondiente cabeza de caballo en mi cama, unas amenazas telefónicas imposibles de rastrear, un matón en mi busca...¡no!, ¡no quiero morir!, y así de momento me paseo con la documentación a salvo de miradas indiscretas, sí, en el súper cajón de mi buga. A ver qué hago ahora. Nada, se lo doy al capataz y me quito el marrón de encima. Tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte..se lo doy a la poli y punto, no hay más que hablar. Ya, ya, pero no está tan clara la cosa, que igual estoy tratando con una asesina profesional de múltiples identidades, una especie de chacal en busca y captura. Me paso la mañana así, ¡menudo estrés que tengo hoy!, ocultando pruebas, ¡vaya día!, de aquí a la cárcel lo que yo te diga.
Ya de vuelta al cantón miro mi alijo por última vez, igual es que se los han robado, pero mi teoría pierde peso al instante. Veo a un agente de movilidad, de esos que sólo ponen multas y hacen que controlan el tráfico. Éste me vale, pienso, y me dirijo a él para librarme de los papeles malditos. Esto a un nacional, me dice el tío. Que no, que no, llévatelos tú. Él se muestra reticente, y a mí ya me queman en las manos. Le cuento la historia. Qué raro, me dice, como si no lo supiese yo. Se los encasqueto y me voy que llego tarde. He hecho lo correcto, me repito de camino a casa pero la incertidumbre me puede, y el miedo..ni te cuento. Ahora empiezo a entender lo del plus tóxico-penoso y peligroso.
Estoy en mi zona barriendo, nada fuera de lo común. Miro el reloj, las 9:50, queda poco para el desayuno y mi mente sólo llega al café con leche caliente, a la tostada doble con aceite, al baño, las manos limpias, el olor a jabón...¡Pum!, un sonido ensordecedor a mi espalda me devuelve al mundo real. Veo un coche subiéndose por encima de la jardinera de la esquina y un montón de cristales sobrevolando otro coche frenado por el impacto. Del siniestrado, de Toledo para más señas, hay que ver que regalito tan majo se lleva de Madrid, sale su ocupante vociferando. Del otro, el agresor, una mujer, joven, delgada, va, resultona, y ¡oh!, el gesto del agredido cambia por completo, eso sí al escuchar las dulces palabras de culpa por parte de la conductora suicida. Hablan un rato, ella explicándole el por qué de haberse saltado un ceda al paso como una catedral a mil por hora. Que si el bambino está solo en casa, que si iba a la farmacia, que si no lo vio...excusas que al toledano le traen al fresco pero que escucha resignado en busca de alguna solución a su guardabarros destrozado. Yo, por mi parte, que no es que no me preocupe el tema, en vista de que no ha habido heridos, me concentro en lo que me toca. Me da que limpiar aquel destrozo me va a llevar tiempo. Cristales desparramados, tierra y hierbajos esparcidos por la calzada, el piloto derecho, restos del guardabarros...pero qué tía tan bestia. Ella empieza a hablar por el móvil a mi lado y por lo del suo bambino y lo del tan cursi en cualquier idioma, amore, deduzco que es italiana. Mujer, italiana, saco mis propias conclusiones. Llega la hora del bocata, ¡mierda!, ahora que estaba tan cerca del desenlace, pero el desayuno es sagrado y me voy al bar sin dejar de pensar en lo que estará sucediendo.
Mi vuelta es aburrida, al final no me he enterado de nada, y me pongo a barrer aceptando lo inevitable, soy peor que una portera. Veo al toledano esperando. No ha venido ni dios en su ayuda, y dudo por un momento si debería limpiar aquel estropicio, yo a lo mío. Se lo comento. Sí, sí, afirma contundente, seguro que la policía no va a venir. Y observo cómo termina de tomar los datos de la amiguita diabólica pasaporte en mano. Va listo si piensa que le va a arreglar los desperfectos, eso lo pienso, pero claro no lo comparto.
Me pongo a barrer, y siento como si estuviera destruyendo las pruebas del delito. Se me ocurre que igual me confiscan mi preciada bolsa verde de basura o, aún peor, que me llevan a comisaría en plan testigo destructor de evidencias. Un diíta de lo más ameno sí señor, sin privarme de nada. La poli viene, él da los datos recopilados, ella explica la situación y la palabra “seguro” sale de su boca, y no para decir que existe...uy,uy,uy, que este no va a cobrar en la vida. ¡Qué putada!. Me voy tan tranquila, que ya me empieza a aburrir el tema, y todos hacen lo propio, total, ya no hay nada que hacer allí. Ya sola vacío una papelera, sí, en el lugar del suceso y ¡oh!, ¿qué es lo que me encuentro?. Pues nada, el carnet de conducir, el de identidad y la tarjeta de nacimiento del hijo de la agresora. Vaya con la italiana. Y lo primero que me viene a la cabeza, es que se ha deshecho de los papeles en medio de la confusión. ¿para qué?, pues qué sé yo pero es lo que se me ocurre así al pronto. Lo miro con detenimiento. Podría dárselo a la policía pero...y es ahí que me siento una especie de chivata de El Padrino, con la correspondiente cabeza de caballo en mi cama, unas amenazas telefónicas imposibles de rastrear, un matón en mi busca...¡no!, ¡no quiero morir!, y así de momento me paseo con la documentación a salvo de miradas indiscretas, sí, en el súper cajón de mi buga. A ver qué hago ahora. Nada, se lo doy al capataz y me quito el marrón de encima. Tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte..se lo doy a la poli y punto, no hay más que hablar. Ya, ya, pero no está tan clara la cosa, que igual estoy tratando con una asesina profesional de múltiples identidades, una especie de chacal en busca y captura. Me paso la mañana así, ¡menudo estrés que tengo hoy!, ocultando pruebas, ¡vaya día!, de aquí a la cárcel lo que yo te diga.
Ya de vuelta al cantón miro mi alijo por última vez, igual es que se los han robado, pero mi teoría pierde peso al instante. Veo a un agente de movilidad, de esos que sólo ponen multas y hacen que controlan el tráfico. Éste me vale, pienso, y me dirijo a él para librarme de los papeles malditos. Esto a un nacional, me dice el tío. Que no, que no, llévatelos tú. Él se muestra reticente, y a mí ya me queman en las manos. Le cuento la historia. Qué raro, me dice, como si no lo supiese yo. Se los encasqueto y me voy que llego tarde. He hecho lo correcto, me repito de camino a casa pero la incertidumbre me puede, y el miedo..ni te cuento. Ahora empiezo a entender lo del plus tóxico-penoso y peligroso.

2 Comments:
Eh Juana,
questo è un avvertimento
alla famiglia che non gradisce gli informatori che vadano al pasma
I chi il vostro tendria preso cura di d'ora in poi.
Luigi
¿Que coño dice este tío?
Juanma.
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