17.10.06

El Cajero

Sólo son las nueve de la mañana y ya soy consciente de que hoy, no va a ser mi mejor día. Me he dormido y con las prisas me he puesto un calcetín de cada color, qué espanto, he olvidado el abono transporte, el metro se ha parado, como no, y me ha tocado esperar al siguiente, cosas de las inacabables obras de Madrid. Ya en el cantón, con la lengua fuera, nerviosa pese a la comprensión del capataz, sí, para mí también ha sido sorprendente, me he dado cuenta de que había olvidado las llaves de la taquilla, fijo que están con el abono, me he dicho. De manera que, atacada, acelerada, de los nervios, la he forzado con una percha, a la mierda el bombín, de aquí a que ponga otro me han despedido. Vestida y un poco más relajada, el control mental parece dar sus frutos, me he ido a mi zona, así, como si no hubiese pasado nada, cuestión de actitud.
Ahora, barriendo una de mis principales, viendo la porquería reproducirse por segundos, las hojas caer sin ningún tipo de consideración, al guarro de turno tirar papelitos desde el coche, ahora estoy convencida de que esto no irá a mejor.
Un indigente habita en mi sección, que dicho así es como el que tiene un tamagochi. Digamos que es un tanto especial...vamos que está pirado y para colmo habla en un idioma que no hay un dios que entienda. Cada mañana paso por la calle donde duerme, a las siete, y claro, hago ruido, porque voy barriendo y el cepillo, ese instrumento creado por y para la higiene mundial, suena al raspar el suelo. Sí, otro inconveniente más de la limpieza que entiendo no le haga mucha gracia. Descubro que también para él, hoy es un mal día. Acaba de pasar la baldeadora, que si yo hago ruido...ésta ni te cuento, así que cuando yo llego el tío ya está hasta...bien, eso no es importante. Barro a su lado y él, hace unos movimientos de reacomode en el suelo a la vez que dice algo que interpreto como un "¡para ya!". Yo continúo, a lo mío como viene a ser costumbre. Él se mosquea y ¿qué hace?, pues nada, se levanta de un salto, ¡qué energía!, y empieza a dar patadas al carro. Me quedo muerta. ¡Pero si se mueve y todo!. En fin, que dejo que se desahogue cepillo en mano y sobra decirlo, mi bellota, prolongación de mi brazo. Unos grititos por aquí, unos gapos por allá...que me piro, ya no hay nada que ver. Y yo me quería perder el espectáculo. Me salto ese tramo y me voy a la siguiente calle.
Va a dar la hora del desayuno y aún ando por la principal, hoy no me da tiempo a acabar ni de coña pero paso de correr, no estoy en mi mejor momento. Me pongo a barrer cerca de un cajero, hago este trozo y me voy al bar, pienso. Entonces oigo un pitidito recurrente. Trato de ignorarlo pero, ¡me está taladrando el tímpano!. Lo busco en plan Terminator el destructor y el radar me indica que proviene del cajero. Me da que alguien se ha dejado la tarjeta. Hago caso omiso esperando que se la trague de una vez. Nada, que no hay manera. En estas oigo la grabación. "Por favor retire su dinero, por favor"...¡¿dinero?!. Observo con ansiedad, sí, parece que hay algo. Miro a todos lados nerviosa, con el corazón latiéndome a mil por hora y un nudo en la garganta que no me deja ni tragar. Mi mente se atasca, no es momento de pensar y de un salto alcanzo la ranura, cojo la pasta, la guardo en el bolsillo sí, de mi mugriento pantalón verde y salgo corriendo sin mirar atrás. Los pies me queman, no siento ni el peso del carro al subir por una cuesta de la leche para ir a desayunar. ¿Me habrá visto alguien?, seguro que no, ¿qué hay de raro en que una barrendera, con su discreto uniforme, se abalance sobre un cajero y eche a correr?...vale, me da igual, total por unos veinte euritos que me habré llevado. Ya en el bar y con la excusa de hacer un pis, me meto en el servicio. Saco el dinero, las manos aún me tiemblan, y, ¡¡dios!!, ¿qué veo?. Ya he hecho el día, una llamadita al capataz y me largo a casa sin pensarlo. ¡Doscientos euros!. Nada que ya me puedo ir, lo que te digo. Lo guardo y salgo fuera nerviosa, temblorosa, angustiada, ¿me pillarán?. Vaya semanita.
Lo que queda de jornada lo paso expectante, en tensión que jamás había llevado tanto dinero en el bolsillo, qué pasa, soy barrendera. Espero con ansiedad a que dé la hora de volver con la idea de estar en busca y captura. De pronto se me ocurre que el cajero tenga cámara de seguridad, ¡dios!, ¡qué cagada!, porque hay que reconocer que lo que se dice desapercibida, no paso. ¡Uniforme de mierda!. Sólo me queda espera. Esperar sí, pala en mano, que esto no me lo quitan ya ni muerta, y con cara de asesina, a quien se acerque me lo cargo. ¿Cuánto caerá por hurto menor?, en fin, quien dice menor...que no sé yo lo que le parecerán doscientos euros a un juez. Ya me veo en prisión, ¿tendrán tele las celdas?. Mejor trato de no pensarlo. Igual es de unos ladrones que intentaban robar en el cajero...o igual no, que no van a ser tan tolis. Claro, lo más normal del mundo, olvidarse doscientos eurazos en un cajero. Bien, yo de momento, soy rica. Ya veremos mañana.....

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¡Joder, Juanita, qué suerte!
¿A qué te vas a invitar?
; )

8:49 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

hola fermosa,aun no te lo puedas de creer he mirao el internet y ma sorprendio tu superlog...la lastima k no voy a poder leer con frecuencia tus aventuras y desventuras...un besazo.javi13...

6:44 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home