Un Lugar Donde Vivir
La vida me sonríe. Es lunes y no, no trabajo, y no, tampoco cobro, consecuencia lógica a esta circunstancia, pero me levanto con un ánimo, una sonrisa, una energía...nada que no me reconozco ni yo. Y es que anoche estuve dándole vueltas a eso de la emancipación, esa de la que todo el mundo habla..excepto yo, que no había podido ni plantearme. Ya se me niega hasta la posibilidad, ¡hasta ahora! que así pensándolo he llegado a la conclusión de que igual es el momento. Alguna alegría tiene que dar trabajar de barrendera, que ya se sabe, lo de llevar el logotipo del ayuntamiento para algo tiene que servir.
En fin, que ha llegado el momento de ir a la e.m.v y solicitar uno de esos pisos para gente respetable sin mucho poder adquisitivo, si es que están pensados para mí. Voy a las oficinas con la moral en lo más alto, esta vez lo consigo, con gesto triunfante, esta vez no se pueden negar, con una actitud que parece que me voy a comer el mundo....nada el tío se descojona nada más contarle mi caso. Pues no creo yo que sea para tanto el tema vamos. Sí, mi contrato es de fines de semana, primer gesto de incredulidad, está pensando qué pinto yo allí. No, no gano esos trece mil euros al año no, vuelve a cuestionarse mi presencia ahora haciéndome creer que le estoy haciendo perder el tiempo, pero nada, yo allí, impasible, a la espera de una respuesta que me convenza....que no me da ni cita el tío. A ver, a ver, me empiezo a poner ya en tensión, otra vez que mi autocontrol flaquea. Que me dices si te digo, le noto un poco perdido con el planteamiento pero continúo, que hago ampliaciones y a veces, espera que vas a alucinar, a veces ¡ni siquiera libro un día de la semana!. Ahí queda eso, ahora sí que no va a poder negarse. Y qué, dice él. ¿¡Pero cómo que y qué!?. No doy crédito. Digo, continúo con mi explicación que ya veo no sirve de nada, que lo de trabajar fines de semana igual lo hago un par de meses al año, el resto estoy con contratos de ampliación...espero una respuesta que no llega, éste parece que no se entera. Tomo aire, esto me va a llevar tiempo. Él parece que reacciona. No puedo darte la cita. ¿¡Pero cómo que no!?. Vale que igual no llego al mínimo, pero a ver quién es el guapo que llega. Bueno pues empezando por el informático que se acaba de ir y terminando por la pluriempleada del final de la fila. De nuevo me siento sí, ¡gilipollas!. Nada, que con mi sueldo no puedo ni acceder a los pisos de protección oficial. ¿Qué me llevaría a mí a pensar que estaban destinados a gente sin recursos?..qué sé yo, una publicidad engañosa tipo “el gobierno destina fondos a viviendas para jóvenes”, o “todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna”, o mejor aún...”el precio de la vivienda comenzará a bajar”, que no sé yo cuándo ocurrirá eso pero fijo, que a mí no me toca.
Vuelvo a intentarlo. Que si soy barrendera, que la empresa nunca va a estar en quiebra, que si mi sueldo, sí ya lo sé, escaso, pero estable que si lo piensas un poco.....nada, que no hay manera. Me voy descorazonada, sin ánimo, sin ilusión, sin sonrisa, y con unas ganas de dejar de trabajar..total, para lo que me sirve. Vamos que aunque estuviese sin librar todo el año no me llegaría. Y digo yo ¿a quién le tocará esto?, que si yo no llego al mínimo...Mejor ni pensarlo. ¿Y si pidiese un crédito?, a no, que con mi nómina lo mejor que me puede pasar es que me echen del banco.
Dejo al tío riéndose de mí, sí, en mi misma cara pero qué le voy a hacer, casi me río hasta yo.
Llego a casa a la hora del informativo, mira tú qué casualidad, ¡pero si van a hablar de sueldos!. Pienso en mi ingenuidad que hablarán de lo cara que está la vida, de lo desproporcionado de los precios, de no llegar a fin de mes, vamos de mí, ¡pues no!. Empiezan con el rollo ese de la familia que sobrevive como puede. Caso: familia sevillana de cuatro miembros. El padre trabaja, la madre no, los hijos son mayores y tienen trabajos que compaginan con estudios. Hay familias como éstas, comenta la periodista que se cree muy a pie de calle y yo también lo creo sí, hasta que habla del sueldo con el que en teoría, sobreviven. Sólo mil quinientos euros al mes gana el padre. ¿¡¡Qué!!?. ¿¡¡Mil quinientos eurazos!!?. Me levanto del sofá, indignada, haciendo mis cálculos...sí, ya es oficial, vivo en la indigencia. Vamos que yo con ese dinero, mantengo una familia numerosa, y en Sevilla, que mucho mundo no es que tenga, pero se dice, se comenta, que la vida es mucho más barata que en Madrid. De aquí a pedir a la iglesia, no, si ya lo sabía yo, que es la profesión del futuro, un oficio como otro cualquiera. Me echo a llorar y es que la noticia sigue, ¿qué sueldo tendrá esta gente?, medito, mejor ni pensarlo. Ahora toca la generación de los mil euros. ¡Ay!, suspira la periodista, ¡cuánto treintañero cobrando esa miseria!. Vale se acabó, apago la tele. Ahora empiezo a entender lo de la telebasura.
Me quedo eso sí dándole vueltas, haciendo mis cálculos de nuevo, comparando, ¡basta!, no hay comparación posible. Al final va a ser, que por no tener, no tengo ni futuro.
En fin, que ha llegado el momento de ir a la e.m.v y solicitar uno de esos pisos para gente respetable sin mucho poder adquisitivo, si es que están pensados para mí. Voy a las oficinas con la moral en lo más alto, esta vez lo consigo, con gesto triunfante, esta vez no se pueden negar, con una actitud que parece que me voy a comer el mundo....nada el tío se descojona nada más contarle mi caso. Pues no creo yo que sea para tanto el tema vamos. Sí, mi contrato es de fines de semana, primer gesto de incredulidad, está pensando qué pinto yo allí. No, no gano esos trece mil euros al año no, vuelve a cuestionarse mi presencia ahora haciéndome creer que le estoy haciendo perder el tiempo, pero nada, yo allí, impasible, a la espera de una respuesta que me convenza....que no me da ni cita el tío. A ver, a ver, me empiezo a poner ya en tensión, otra vez que mi autocontrol flaquea. Que me dices si te digo, le noto un poco perdido con el planteamiento pero continúo, que hago ampliaciones y a veces, espera que vas a alucinar, a veces ¡ni siquiera libro un día de la semana!. Ahí queda eso, ahora sí que no va a poder negarse. Y qué, dice él. ¿¡Pero cómo que y qué!?. No doy crédito. Digo, continúo con mi explicación que ya veo no sirve de nada, que lo de trabajar fines de semana igual lo hago un par de meses al año, el resto estoy con contratos de ampliación...espero una respuesta que no llega, éste parece que no se entera. Tomo aire, esto me va a llevar tiempo. Él parece que reacciona. No puedo darte la cita. ¿¡Pero cómo que no!?. Vale que igual no llego al mínimo, pero a ver quién es el guapo que llega. Bueno pues empezando por el informático que se acaba de ir y terminando por la pluriempleada del final de la fila. De nuevo me siento sí, ¡gilipollas!. Nada, que con mi sueldo no puedo ni acceder a los pisos de protección oficial. ¿Qué me llevaría a mí a pensar que estaban destinados a gente sin recursos?..qué sé yo, una publicidad engañosa tipo “el gobierno destina fondos a viviendas para jóvenes”, o “todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna”, o mejor aún...”el precio de la vivienda comenzará a bajar”, que no sé yo cuándo ocurrirá eso pero fijo, que a mí no me toca.
Vuelvo a intentarlo. Que si soy barrendera, que la empresa nunca va a estar en quiebra, que si mi sueldo, sí ya lo sé, escaso, pero estable que si lo piensas un poco.....nada, que no hay manera. Me voy descorazonada, sin ánimo, sin ilusión, sin sonrisa, y con unas ganas de dejar de trabajar..total, para lo que me sirve. Vamos que aunque estuviese sin librar todo el año no me llegaría. Y digo yo ¿a quién le tocará esto?, que si yo no llego al mínimo...Mejor ni pensarlo. ¿Y si pidiese un crédito?, a no, que con mi nómina lo mejor que me puede pasar es que me echen del banco.
Dejo al tío riéndose de mí, sí, en mi misma cara pero qué le voy a hacer, casi me río hasta yo.
Llego a casa a la hora del informativo, mira tú qué casualidad, ¡pero si van a hablar de sueldos!. Pienso en mi ingenuidad que hablarán de lo cara que está la vida, de lo desproporcionado de los precios, de no llegar a fin de mes, vamos de mí, ¡pues no!. Empiezan con el rollo ese de la familia que sobrevive como puede. Caso: familia sevillana de cuatro miembros. El padre trabaja, la madre no, los hijos son mayores y tienen trabajos que compaginan con estudios. Hay familias como éstas, comenta la periodista que se cree muy a pie de calle y yo también lo creo sí, hasta que habla del sueldo con el que en teoría, sobreviven. Sólo mil quinientos euros al mes gana el padre. ¿¡¡Qué!!?. ¿¡¡Mil quinientos eurazos!!?. Me levanto del sofá, indignada, haciendo mis cálculos...sí, ya es oficial, vivo en la indigencia. Vamos que yo con ese dinero, mantengo una familia numerosa, y en Sevilla, que mucho mundo no es que tenga, pero se dice, se comenta, que la vida es mucho más barata que en Madrid. De aquí a pedir a la iglesia, no, si ya lo sabía yo, que es la profesión del futuro, un oficio como otro cualquiera. Me echo a llorar y es que la noticia sigue, ¿qué sueldo tendrá esta gente?, medito, mejor ni pensarlo. Ahora toca la generación de los mil euros. ¡Ay!, suspira la periodista, ¡cuánto treintañero cobrando esa miseria!. Vale se acabó, apago la tele. Ahora empiezo a entender lo de la telebasura.
Me quedo eso sí dándole vueltas, haciendo mis cálculos de nuevo, comparando, ¡basta!, no hay comparación posible. Al final va a ser, que por no tener, no tengo ni futuro.

1 Comments:
lo peor, y en esto me incluyo, es que hemos aceptado esta situacion como normal. Que tengo 35 años y vivo con mis padres porque no puedo permitirme otra cosa, pues no pasa nada. Que tengo una mierda de trabajo con una mierda de sueldo, pues nada, tan felices.
vivimos engañados, lo sabemos y hacemos la vista gorda. miramos hacia otro lado, pensando que quiza se arregle la situacion por si misma.
un abrazo Juana, y gracias por darme un poquito de esperanza, o al menos a enseñarme a ver la crudad realidad con una sonrisa en los labios
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