El Perfume
Como soy una chica imprescindible - ya empiezan a darse cuenta de mi valía - me han pedido, suplicado entre lágrimas que trabaje también a diario... Vale, me han hecho un contrato de ampliación, de esos de “sigues sin librar los fines de semana y sí, además vas a currar a diario”. No si la que nace cortita... Y yo voy y digo que sí, que no me importa no librar, que soy feliz sólo con ir al cantón un lunes como el resto del mundo, que me muero por ver cómo son las mañanas de la gente normal, todos esos que ¡dios!, ¡qué vergüenza!, tienen sí - no nos rasguemos las vestiduras - ¡fines de semana!... Siempre ha habido clases.
El caso es que, en principio, libro dos días entre semana. Que no, que no, que aquí no me dan un sábado ni aun con una enfermedad congénita que me impida coger la pala, ¡menudos son! Y no soy sólo yo la que ha picado, que somos diez cuando lo normal es no superar con mucho los cinco. Como tontas, aquí todas a pillar pasta.
Paso por mi calle - una de tantas - y ahí está el indigente loco lanzando gapos como un descosido. Acelero a la que me aproximo que no estoy yo para una lucha de babas a estas horas y... ¡¡¡uy!!!, ¡casi hace diana en el escudo del ayuntamiento! Hay que ver, qué poquito respeto. Un salto rápido, un giro de ruedas y a punto estoy de volcar pero me mantengo intacta, y lo miro desafiante en plan Clint Eastwood en sus mejores momentos, haciéndole saber que se la está jugando... Nada que pasa, pero mucho porque ahora me dedica uno de esos ruiditos repugnantes preludio de... dejémoslo, tengo suficiente con escucharlo. Me cruzo de acera, ésta está hecha por hoy, que el trozo del guarrete ni lo miro. Estoy frente a él. No me lo quito de encima ni queriendo. Calculo la distancia. ¿Cómo andará éste de pulmones... ? Pues igual, igual, cogiendo un pelín de aire, lo mismo hasta me alcanza el tío que con la suerte que tengo... No quiero correr riesgos así que me pego a la pared del edificio - tanto que apenas puedo mover el cepillo - y a lo mío. El arroyo eso sí, ahí que se va a quedar, que no estoy por jugarme la vida a lo loco. Miro de todas formas - deformación profesional - y entre cagadita de perro y pañuelo gripal veo un sin fin de moneditas esparcidas a diestro y siniestro. Me acerco aun a riesgo de perder mi integridad en el intento y sí, efectivamente, son monedas. Vale que no euros completos pero algo es algo. Que si un céntimo por aquí, una de diez por allá. ¿Serán del loco? Dudo por un instante. Lo miro y vuelvo a dudar. Decido observar antes de pasar a la acción y sigo barriendo eso sí, sin desplazarme en exceso no me vayan a jorobar el descubrimiento. Alguien se acerca a él, le echa unas monedas y se va. Mira, ha tenido suerte, o eso es lo que creo yo en mi ingenuidad, que el tío se pone de una leche que no veas y las lanza allí donde caen, con el resto. Me acerco discretamente, cepillo en mano por si las moscas, haciendo que voy a barrer algo de todo aquello que sin desinfectar, ni sería capaz de mirar pero en fin, he ahí que me doy cuenta de que por menos de un euro éste no da ni las gracias.
Bueno, bueno, y yo aquí dudando entre coger las sobras del indigente... soy lo peor. Cada vez, más cutre. Si lo que te digo, la indigencia a un paso. Cambio de calle no sea que se le ocurra abrirme la cabeza con una, que hay mucho incauto por ahí repartiendo calderilla.
Paso por una perfumería, de las pequeñas, recogidas… vamos de las pijas exclusivistas, de esas a las que ni me acerco no sea que la mezcla de fragancias - mis cubos, sus perfumes… un nuevo aroma a rancio calle - me haga aún más popular en el barrio.
El dependiente, dueño o lo que quiera que sea sale a saludarme. Que si qué tal, que si qué día tan feo, que si la navidad está a las puertas. Que digo yo, a las puertas ¿de qué?, porque a mí se me hace más de lo mismo. ¿Será que trabajo todas las fiestas? Claro que éste ni se lo imagina, tanto glamour le embota el cerebro. Hace un amago de retirada cuando, ¡Oh dios!, me dice que espere. ¿Qué va a ser esta vez? Sale con un frasquito en la mano. Chanel, leo con esfuerzo. Y pienso - en mi absoluta ingenuidad - < ¡¡¡¡ay, que me va a regalar un frasco!!! > A eso se refería con la Navidad. ¡¡Es Papá Nöel!! Como loca me pongo, que aquí los regalos no son muchos, pero si es cuando me dan el periódico y ya me emociono. Verás en casa cuando me vean entrar con, sí, un frasco de Chanel. Ya estoy más cerca de la Beckham, la Monroe de las calles… si es que donde hay estilo. Pero ¿¡qué hace!? Me acaba de pulverizar. < Un poquito por aquí, otro poquito por allá > dice así - en tono melódico, sin cortarse - a la que me acerca el spray a ambos lados del cuello. Y va y se larga, frasco en mano, que al perecer era de los de prueba… < ¡¡pero tú!!, ¡que es mío! > Como si nada así que allí me quedo, sin moneditas, sin perfume, y sí, como de costumbre, con una cara de… Nada, nunca aprenderé.
El caso es que, en principio, libro dos días entre semana. Que no, que no, que aquí no me dan un sábado ni aun con una enfermedad congénita que me impida coger la pala, ¡menudos son! Y no soy sólo yo la que ha picado, que somos diez cuando lo normal es no superar con mucho los cinco. Como tontas, aquí todas a pillar pasta.
Paso por mi calle - una de tantas - y ahí está el indigente loco lanzando gapos como un descosido. Acelero a la que me aproximo que no estoy yo para una lucha de babas a estas horas y... ¡¡¡uy!!!, ¡casi hace diana en el escudo del ayuntamiento! Hay que ver, qué poquito respeto. Un salto rápido, un giro de ruedas y a punto estoy de volcar pero me mantengo intacta, y lo miro desafiante en plan Clint Eastwood en sus mejores momentos, haciéndole saber que se la está jugando... Nada que pasa, pero mucho porque ahora me dedica uno de esos ruiditos repugnantes preludio de... dejémoslo, tengo suficiente con escucharlo. Me cruzo de acera, ésta está hecha por hoy, que el trozo del guarrete ni lo miro. Estoy frente a él. No me lo quito de encima ni queriendo. Calculo la distancia. ¿Cómo andará éste de pulmones... ? Pues igual, igual, cogiendo un pelín de aire, lo mismo hasta me alcanza el tío que con la suerte que tengo... No quiero correr riesgos así que me pego a la pared del edificio - tanto que apenas puedo mover el cepillo - y a lo mío. El arroyo eso sí, ahí que se va a quedar, que no estoy por jugarme la vida a lo loco. Miro de todas formas - deformación profesional - y entre cagadita de perro y pañuelo gripal veo un sin fin de moneditas esparcidas a diestro y siniestro. Me acerco aun a riesgo de perder mi integridad en el intento y sí, efectivamente, son monedas. Vale que no euros completos pero algo es algo. Que si un céntimo por aquí, una de diez por allá. ¿Serán del loco? Dudo por un instante. Lo miro y vuelvo a dudar. Decido observar antes de pasar a la acción y sigo barriendo eso sí, sin desplazarme en exceso no me vayan a jorobar el descubrimiento. Alguien se acerca a él, le echa unas monedas y se va. Mira, ha tenido suerte, o eso es lo que creo yo en mi ingenuidad, que el tío se pone de una leche que no veas y las lanza allí donde caen, con el resto. Me acerco discretamente, cepillo en mano por si las moscas, haciendo que voy a barrer algo de todo aquello que sin desinfectar, ni sería capaz de mirar pero en fin, he ahí que me doy cuenta de que por menos de un euro éste no da ni las gracias.
Bueno, bueno, y yo aquí dudando entre coger las sobras del indigente... soy lo peor. Cada vez, más cutre. Si lo que te digo, la indigencia a un paso. Cambio de calle no sea que se le ocurra abrirme la cabeza con una, que hay mucho incauto por ahí repartiendo calderilla.
Paso por una perfumería, de las pequeñas, recogidas… vamos de las pijas exclusivistas, de esas a las que ni me acerco no sea que la mezcla de fragancias - mis cubos, sus perfumes… un nuevo aroma a rancio calle - me haga aún más popular en el barrio.
El dependiente, dueño o lo que quiera que sea sale a saludarme. Que si qué tal, que si qué día tan feo, que si la navidad está a las puertas. Que digo yo, a las puertas ¿de qué?, porque a mí se me hace más de lo mismo. ¿Será que trabajo todas las fiestas? Claro que éste ni se lo imagina, tanto glamour le embota el cerebro. Hace un amago de retirada cuando, ¡Oh dios!, me dice que espere. ¿Qué va a ser esta vez? Sale con un frasquito en la mano. Chanel, leo con esfuerzo. Y pienso - en mi absoluta ingenuidad - < ¡¡¡¡ay, que me va a regalar un frasco!!! > A eso se refería con la Navidad. ¡¡Es Papá Nöel!! Como loca me pongo, que aquí los regalos no son muchos, pero si es cuando me dan el periódico y ya me emociono. Verás en casa cuando me vean entrar con, sí, un frasco de Chanel. Ya estoy más cerca de la Beckham, la Monroe de las calles… si es que donde hay estilo. Pero ¿¡qué hace!? Me acaba de pulverizar. < Un poquito por aquí, otro poquito por allá > dice así - en tono melódico, sin cortarse - a la que me acerca el spray a ambos lados del cuello. Y va y se larga, frasco en mano, que al perecer era de los de prueba… < ¡¡pero tú!!, ¡que es mío! > Como si nada así que allí me quedo, sin moneditas, sin perfume, y sí, como de costumbre, con una cara de… Nada, nunca aprenderé.

21 Comments:
Tú el caso es quejarte. Primero de que trabajas pocos días, y ahora de que trabajas muchos y que sigues sin librar los fines de semana. Pues como tantos y tantos de nosotros y desde hace muchos años, no te jode.
Qué buena crítica detrás de un cobarde anónimo....
Si, un cobarde anónimo cansado de trabajar durante 11 años como un burro sin saber lo que es librar un sólo fin de semana, y que se pone negro cuando lee tus chorradas de niña pija que va de proletaria y de contestataria.
¿No querías currar más? ¡Pues ahora no te quejes, coño!
En primer lugar: "Sí", cuando es afirmación, va acentuado, no lo olvides nunca. Aclarado esto, te diré que cada uno trabaja como lo que es, curioso que en tu caso sea como un burro (y me remito a tus propias palabras). ¿Que voy de niña pija proletaria y contestataria?, ¿y tú?, ¿de típico trabajador modelo que no se queja por no molestar?. Afortunadamente yo a eso, ni me aproximo...
Si tanto te interesa mi nombre aquí lo tienes, pero creo que te va a dar igual porque no nos conocemos de nada, llegué hasta aquí a través de un link en otro blog.
Tienes razón.
"Sí", cuando es afirmación, va acentuado, fue un lapsus.
Pero veo que encima vas de "repelenta" niña Vicenta y de prepotente total.
Pues te diré, listilla, que no se dice "en" diario, si no "a" diario.
Si tanto te crees que sabes de ortografía y gramática no sé qué haces currando de barrendera, todo el día hecha una guarra.
Claro, que cada uno trabaja como lo que es. (Según tus propias palabras).
Yo desde luego no soy un trabajador modelo y por supuesto que me quejo y mucho, de hecho soy sindicalista, pero resulta que necesito trabajar para comer, algo que es obvio que para ti no es necesario pues en último caso te darían de comer tus "papás", niña pija que va de rebelde.
Y digo "que va" porque dices que te quejas, pero debe ser que sólo lo haces aquí para desahogarte, porque en tus historias cuentas cómo constantemente dices que sí (sin rechistar ni un poquito) a todo lo que te mandan y/o proponen en el trabajo.
Así que no me digas que tú "a eso ni te aproximas" ni intentes dar lecciones, chavalina, pues no hay nada más atrevido que la ignorancia.
Un saludo.
¿Sindicalista?.Claro, no podía ser de otra forma...Sin comentarios.Queda claro que no necesitas ayuda para descalificarte.
Está claro que la que se queda sin argumentos cuando le dicen unas cuantas verdades eres tú, currante cobarde que agacha las orejas ante sus jefes y presume de todo lo contrario, además de permitirse el lujo de criticar a los únicos que movemos el culo por intentar mejorar la situación de todos los trabajadores.
Tú solita eres la única que se descalifica a sí misma con su actitud totalmente prepotente y repelente.
Eso hasta un ciego lo vería.
¡No vas a tener que tragar tú quina ni nada con esa actitud en la vida! Me das pena.
Tan solo eres una patética pijita que va de rebelde pero que no es capaz siquiera ni de elaborar una respuesta con un mínimo de inteligencia.
No me llegas ni a la suela de los zapatos en ninguno de los campos en los que tú te crees tan lista.
Así que paso de ti, guapa.
Y se dice "a" diario no "en" diario.
No lo olvides nunca, señorita prepotente.
Sobre todo si pretendes seguir escribiendo.
Alberto, ábrete un blog y nos cuentas todo lo que ayudas a los trabajadores en ese tiempo que te sobra de los 11 años currando como un burro.
Seguro que es un descojone.
¡Un sindicalista preocupado por el ombligo de los demás!
¡Qué deshueve!
Abría que meterte un puto tiro en la boca porque gracias a ti y a los de tu "raza" las condiciones de trabajo están como están.
Yo también quiero firmar:
Pedro Gómez o Mark Nuñez o Alex Parra o Jessica Parr o... miles y miles que pensamos en sindicato y nos descojonamos.
¿Y este quién es, tu novio el bocazas radical que viene a defenderte?
PATÉTICOS LOS DOS.
Mira, chaval, a lo mejor TUS condiciones de trabajo están como están porque eres medio analfabeto, Don "ABRÍA" sin hache.
¡Lo que hay que leer!
Al que habría que meterle un tiro en toda la bocaza y cortarle los dedos para que no siguiera escribiendo esas barbaridades ortográficas sería a tí, pringao.
¡Qué pandilla de capullos, joder!
Sí, soy su novio. Y sí, soy isnorante por eso está conmigo para sentirse mejor ya que de otra forma una mujer no podría sentirse más que yo que soy la oxtia.
Ahora nos vamos a echar un polvete y luego si eso, te escribo algo más.
¿Con toda esa cultura que tienens y esa gran hortografía y curras como un burro 11 años seguidos?
¡tE QUIERO aLBERTO mUÑIZ!
sIEMPRE TUYOS:
Pedro Gómez o Mark Nuñez o Alex Parra o Jessica Parr o...
PASA DE ESTA GUARRONA DE BASURERA DE LOS COJONES, TÚ ERES MUCHO MEJOR, YA QUE ERES SINDICALISTA!
eL MISMO DE ANTES PERO HACIENDOME PASAR POR OTRA PERSONA: JI,JI,JI!!!
Chaval, tú estás de atar.
Vete a ver a un psiquiatra porque estás realmente enfermo y no te das cuenta.
Qué pena.
Vale, lo tendré en cuenta. ¿Alguna vez has dicho esto ante la opinión de un trabajador, querido sindicalista?
¡Venga muérete!
Nota: el correstor del word no me a ditxo nada de aberme hequibocado en lo que e puesto.
No necesitas corrector de word teniendo a tu novia la Señorita correctora otográfica prepotente.
Y tú no opinas, tú insultas y amenazas, así que no me hagas reír, chaval.
Mejor muérete tú, loco de los cojones.
Y si es pegándote "un puto tiro en la boca" mejor.
(ortográfica)
¡Qué putada ir de guay y publicar el mensaje para luego ver que te has comido una "r"!
El loco que insulta, amenaza y posiblemente se pegue un tiro en la boca.
No caerá esa breva, bocazas.
¡Qué va!
yo, en mi humilde opinión, creo que el Alberto Muñiz es masoquista, porque no entendería otra cosa. Pasa por aquí de "casualidad" (dime tu como se pasa por aqui así, debe ser que está entre los 10 blogs más visitados y tienes miles de enlaces, de los cuales no nos hemos enterado), no le gusta lo que escribes, le meten caña, le ponen a caer de un guindo (que tengo que reconocer que te lo has buscado "chaval"),.... y aún así, ahí está el tio, aguantando el tirón. En mi opinión debe tener mucho tiempo libre (el tiempo que debería dedicar a defender los intereses de sus compañeros) y se aburre el pobre. En el fondo me da hasta penita.
Venga "chaval", animate, echa unos cuantos exabruptos más por la boca. Total, debemos ser los únicos que te damos cuartelillo!
Yo soy el de antes, el de "qué va!". Sólo escribo porque me gusta siempre decir la última palabra.
Ná, hasta lue!
Publicar un comentario
<< Home