7.11.06

Llueve

Que sí, que sí, que los días de lluvia son necesarios, que ayudan a recuperar los miles de litros que se desperdician, en la calle, que hacen desaparecer la contaminación, que no paramos de producir, que provocan el crecimiento de los árboles, que luego se talarán para hacer carreteras....pero ¿por qué siempre llueve cuando estoy trabajando?. A ver, que ya puestos, bien podría ir turnándose, vamos, para que nos tocase a todos digo yo, que hay que ser un poco equitativos. En fin, como siempre, resignación.
A mí, no es que me moleste excesivamente, que si diluvia me paro y aquí paz y después gloria, hasta estar de vuelta en el cantón. Pero claro, hoy empieza el día con ese caer intermitente que no sabes que moja hasta estar calada del todo, vaya que cuando te quieres dar cuenta, estás de agua hasta las rodillas. La calle eso sí, queda como la patena, pero yo llevo cinco minutos de paseo y ya estoy como una sopa, chubasquero y todo porque sí, cala que da gusto. Siento algo de frío, una ligera humedad así que toco el interior de ese forro amarillo fluorescente..ante todo estilo, y noto que chorrea, vaya una mierda de impermeable, pienso, pero no hay otra cosa y no está el día como para hacer ascos.
Llevo el pelo empapado, pese al gorro, las manos mojadas, pese a esos guantes de goma como no, amarillos, que de impermeable ni la apariencia, pero no importa porque, tengo los pies protegidos.....Unos segundos y ya noto el agua circular por los calcetines, ¡oh no!, ¡se ha rajado la suela de las botas!. Que no cunda el pánico, soy una mujer de recursos....bolsas de plástico, que no, que no, que el frío no ha congelado mis neuronas, me las pongo en los pies y evito que se me mojen los calcetines.
Voy en plan Carl Lewis al único SANECAN que conozco por la zona. Hoy por fin las bolsitas recoge cacas caninas van a tener utilidad. Empiezo a tirar, nada ni una bolsa ¡pero si nadie las usa!. Fijo que alguien las ha cogido para ponérselas en la cabeza...¡cuánta falta de pudor!. La sensación de humedad empieza a ser cada vez más molesta. Corriendo, con el carro a mil revoluciones me planto delante del kiosco más cercano. Necesito un par de bolsas, digo, y claro el kiosquero flipa pero me saca dos. Aparco el carro, y allí mismo, para qué esperar, me quito los zapatos dispuesta a proteger mis pies de lo que viene a ser ya el gran diluvio universal. Eso no te va a servir de nada, dice él, pero yo, convencida, me voy con ellas puestas. Misión cumplida, ahora a pasear un rato bajo la lluvia.
Dos calles más allá veo una espuma blanca salir por las aberturas de la bota. Alucino, ¿y ahora qué?, ¿será que las bolsas tenían jabón?, duda existencial. Bueno, ¡ya está bien!. Me paro en una esquina, saco una de mis súper bolsas verdes, la rompo por la mitad y me la pongo a modo de media hasta la rodilla, así, en plan MacGuiber, que los pantalones empiezan a hacer aguas, ¡dios que se nos hunde el barco!. Ahora sí que parezco una indigente. Que esto no es digno, que no, y por este rollo de la dignidad me quedo allí, apoyada en una pared, con gesto de mosqueo, sin trabajar, esperando a que pase alguien.....el capataz, el encargado, un inspector del ayuntamiento...nada ¿¡pero es que soy la única que está en la calle!?. Vaya una reivindicación de mierda que estoy haciendo. Espero hasta la hora del bocata, que sin desayuno no me quedo ni de coña, y me voy al bar, con mi súper chubasquero, el pelo empapado, los pies calados, las manos arrugadas, como unas diez bolsas repartidas por todo mi cuerpo, y un montón de espuma cubriéndome las botas...definitivamente esto no es digno.Entro en la cafetería, uno con leche bien caliente. El camarero que ya me conoce...eso piensa él, osa comentar la climatología y sus consecuencias. Que si los días encapotados dan otro aire a la ciudad, que si el cielo plomizo..que sí, que sí, que el tío lo dice tal cual, pues eso, que si el cielo da un aspecto melancólico, que si ese aire otoñal invita a pasear..y yo, atenta, haciendo que le escucho básicamente, cuando a lo más que llego es a analizar los destrozos de la mañana. Que si botas rotas, que si impermeable calado, que si manos entumecidas. Y vale, puedo hacerme la comprensiva con lo del rollito melancólico, ese cielo deprimente, ese otoño matador, pero por lo de la lluvia ¡no paso!. Que si a mí me encanta mojarme cuando llueve, dice, y se queda tan ancho el tío. Claro, igual a mí también me gustaría, de ir equipada como dios manda, caminar por mero placer y durante cinco minutos no más. Continúa, eso cuando mi cara ya es un poema, que tengo un cabreo que no puedo. Que si la gente es tan tonta que lleva paraguas, que si, que si...¡silencio!, que ya está bien hombre. Seguro que no estaría tan contento de pasarse siete horas a la intemperie, bajo la lluvia, de sentir el frío llegar a los huesos, de notar chorros de agua caer por la frente, los pies empapados, las manos congeladas, los...en fin, en fin, para qué voy a seguir, pero claro....¡qué bonitos son los días de lluvia!.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Desde esta vieja estación del corazón, tu prosa ha conseguido hacer que la paciencia me domine y por eso aún con el simple hecho de haber ojeado tu desgarradora prosa, siento recobrar la vitalidad que desde hace algún tiempo no disfrutaba.
El leerte me hace entrever la "España Cañí",si querida,aquella de servidumbre paseada a lomos de zapatos blancos y con rebordes de punteras negras pantalones bombachos y muchos piojos ,muchos. Has conseguido entregarme al recuerdo de los golpes del chuzo del sereno, aquel hombre feliz que trabajaba de noche y que pluriempleado lo era. Además de chivato. Si sí ,yo se que las cosas no son como debieran ser cariño ;pero eso no es razón para no mirar la flor crecer. Aunque te pongan cara a la pared y te digan y "después de la razón qué".
La voz del amo se reclama del Samaritano.
Con mis mejores deseos, recíbote.

6:21 p. m.  

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