El Periódico
Salimos del cantón con la fresca. Se dice, se comenta - este hombre del tiempo que tanto afirma - que va a llover. Miramos al cielo sí, como si entendiésemos algo, como si con mirar las estrellas... ¿qué pasa? aún es noche cerrada cuando empezamos a trabajar. No quiero ni pensar en ello. En fin que observamos el firmamento - tan oscuro él - como meteorólogas en paro - de esas que acaban siendo barrenderas - y efectivamente, no sacamos conclusión alguna. Va a ser por eso que estamos en paro. No, no, si no me veo yo quitándole el pan a Mario Picazo, vamos, ni proponiéndomelo. Nada que me quedo como estoy.
Vamos dirección a nuestras respectivas zonas, medio dormidas, acompañándonos - que la charla va bien para despabilarse - en una palabra, resignadas y como no, ansiosas porque dé la hora del bocata. Intentando eso sí, no prestar mucha atención a la mierda que nos rodea, al menos hasta que sea inevitable. De pronto... ¿¡qué vemos!?: un fardo de periódicos relucientes, como recién impresos; ahí abandonados, en mitad de la calle; desperdigados unos, sobre un banco los otros. Y claro, tontas no somos, o no tanto como la gente cree, así que nos lanzamos. ¿Quién quiere uno? Sí, lo decimos así, a voces, todo esto a las siete de la mañana, que ya es tarde para cualquiera del gremio cuando aunque parezca mentira, aún hay quien duerme... La gente - escasa porqué no decirlo - se une a nuestra iniciativa “prensa para todos”. Vaya con los pijos remilgados, lo pronto que se hacen a mangar. Claro que las que quedan de pena siempre somos nosotras: las ladronas de verde, las atraca kioscos sin saberlo.
Ya con el periódico en nuestro poder continuamos, felices por adquisición tan barata - qué bien está la información - ingenuas de nuestro hurto. Unos pasos más adelante... < ¡¡eh!! ¡que aquí hay más! > Yo me lanzo cual gacela. Lo bien que me va a venir esto en el desayuno. Ya me veo comparando opiniones. Uno de cada, esto es un pleno. < ¡¡Pero si hay libros y todo!! > Hay que ver con qué poco nos conformamos, si es lo que yo digo, cada vez, más simples... Ya estamos tocando el papel, yo el del periódico, otra la tapa de los libros, todas con gesto exaltado - que para nosotras esto es lo más parecido a la noche de reyes. Un chirrido, una puerta que se abre... < ¡mierda!, la kiosquera ha llegado >. Y claro, ahora entendemos que todo el material tiene dueño, es que hay que ser tupi. Nos batimos en retirada, con discreción, en silencio, y por supuesto, sin periódico, sin libro, sólo el primer alijo nos consuela. Qué se le va a hacer, menos es nada, no se nos da bien ni el hurto a pequeña escala. Pensamos en ella, la de las pérdidas, que igual le han mangado diez, o cuatro... Pues visto así, tampoco es para tanto el tema ¿no?
Después del trabajo nos quedamos a comer - con nuestros respectivos periódicos bajo el brazo - en un Gino´s - sí, todo glamour - vestidas de calle - que el verde no va con estos sitios - cualquiera diría que estamos en el Ritz , es que para nosotras, cualquier cosa nos parece fina... < ¡que somos simples!, ¿no lo he dicho ya?. >
Yo me sitúo en una esquina y a mi lado se sienta una pareja, normal en un principio, o eso creo yo hasta que el tío me pide el periódico. < ¿Qué?, > reacciono un tanto sorprendida, y pienso que es mío, que no quiero dejárselo, que me lo va a arrugar, y mil tonterías como ésta. < No lo estás leyendo ¿no? > Vale, lógica aplastante porque me estoy limitando a comer un plato de pasta de los de cien gramos ocho euros. < No > admito tímidamente. < Pues eso > y el tío va y lo coge sin más. < ¡Oye que es mi periódico!, > pienso pero después me doy cuenta de lo injusto. Total si me ha salido gratis, y en realidad, no estoy haciendo uso de él... Medito, es que me estoy convirtiendo en una egoísta, mira que no compartir ni esto, es para flagelarme. Sí, yo soy muy así, de las del autocastigo sin razón, qué se le va a hacer.
Sigo con mi comida despacio que por lo que cuesta, tengo que estar haciendo la digestión hasta la hora de acostarme. No, no puedo evitarlo, y miro cómo aquí mi vecino se apropia del periódico cuando le viene en gana. ¿¡¡Éste de qué va!!? Lo miro de nuevo, si es que le tendría que haber dicho algo antes, pero me pilla así, desprevenida, después del trabajo y claro, no doy para más. A punto estoy de informarle que es mío, que lo he pagado... no, esto no cuela. Me callo de nuevo. Vera, no te reconozco. Lo coge, lo suelta, lo arruga, mira una hoja, mira otra, lo cierra, lo deja de nuevo y otra vez lo coge. < ¡¡Ya está bien!!, > pienso, pero no, nunca caeré en el rollo de la propiedad... < ¡por dios!, ¡que es un periódico! >>
Vamos dirección a nuestras respectivas zonas, medio dormidas, acompañándonos - que la charla va bien para despabilarse - en una palabra, resignadas y como no, ansiosas porque dé la hora del bocata. Intentando eso sí, no prestar mucha atención a la mierda que nos rodea, al menos hasta que sea inevitable. De pronto... ¿¡qué vemos!?: un fardo de periódicos relucientes, como recién impresos; ahí abandonados, en mitad de la calle; desperdigados unos, sobre un banco los otros. Y claro, tontas no somos, o no tanto como la gente cree, así que nos lanzamos. ¿Quién quiere uno? Sí, lo decimos así, a voces, todo esto a las siete de la mañana, que ya es tarde para cualquiera del gremio cuando aunque parezca mentira, aún hay quien duerme... La gente - escasa porqué no decirlo - se une a nuestra iniciativa “prensa para todos”. Vaya con los pijos remilgados, lo pronto que se hacen a mangar. Claro que las que quedan de pena siempre somos nosotras: las ladronas de verde, las atraca kioscos sin saberlo.
Ya con el periódico en nuestro poder continuamos, felices por adquisición tan barata - qué bien está la información - ingenuas de nuestro hurto. Unos pasos más adelante... < ¡¡eh!! ¡que aquí hay más! > Yo me lanzo cual gacela. Lo bien que me va a venir esto en el desayuno. Ya me veo comparando opiniones. Uno de cada, esto es un pleno. < ¡¡Pero si hay libros y todo!! > Hay que ver con qué poco nos conformamos, si es lo que yo digo, cada vez, más simples... Ya estamos tocando el papel, yo el del periódico, otra la tapa de los libros, todas con gesto exaltado - que para nosotras esto es lo más parecido a la noche de reyes. Un chirrido, una puerta que se abre... < ¡mierda!, la kiosquera ha llegado >. Y claro, ahora entendemos que todo el material tiene dueño, es que hay que ser tupi. Nos batimos en retirada, con discreción, en silencio, y por supuesto, sin periódico, sin libro, sólo el primer alijo nos consuela. Qué se le va a hacer, menos es nada, no se nos da bien ni el hurto a pequeña escala. Pensamos en ella, la de las pérdidas, que igual le han mangado diez, o cuatro... Pues visto así, tampoco es para tanto el tema ¿no?
Después del trabajo nos quedamos a comer - con nuestros respectivos periódicos bajo el brazo - en un Gino´s - sí, todo glamour - vestidas de calle - que el verde no va con estos sitios - cualquiera diría que estamos en el Ritz , es que para nosotras, cualquier cosa nos parece fina... < ¡que somos simples!, ¿no lo he dicho ya?. >
Yo me sitúo en una esquina y a mi lado se sienta una pareja, normal en un principio, o eso creo yo hasta que el tío me pide el periódico. < ¿Qué?, > reacciono un tanto sorprendida, y pienso que es mío, que no quiero dejárselo, que me lo va a arrugar, y mil tonterías como ésta. < No lo estás leyendo ¿no? > Vale, lógica aplastante porque me estoy limitando a comer un plato de pasta de los de cien gramos ocho euros. < No > admito tímidamente. < Pues eso > y el tío va y lo coge sin más. < ¡Oye que es mi periódico!, > pienso pero después me doy cuenta de lo injusto. Total si me ha salido gratis, y en realidad, no estoy haciendo uso de él... Medito, es que me estoy convirtiendo en una egoísta, mira que no compartir ni esto, es para flagelarme. Sí, yo soy muy así, de las del autocastigo sin razón, qué se le va a hacer.
Sigo con mi comida despacio que por lo que cuesta, tengo que estar haciendo la digestión hasta la hora de acostarme. No, no puedo evitarlo, y miro cómo aquí mi vecino se apropia del periódico cuando le viene en gana. ¿¡¡Éste de qué va!!? Lo miro de nuevo, si es que le tendría que haber dicho algo antes, pero me pilla así, desprevenida, después del trabajo y claro, no doy para más. A punto estoy de informarle que es mío, que lo he pagado... no, esto no cuela. Me callo de nuevo. Vera, no te reconozco. Lo coge, lo suelta, lo arruga, mira una hoja, mira otra, lo cierra, lo deja de nuevo y otra vez lo coge. < ¡¡Ya está bien!!, > pienso, pero no, nunca caeré en el rollo de la propiedad... < ¡por dios!, ¡que es un periódico! >>
Llega la hora de marcharse. Me pongo el abrigo, cojo el bolso y como no, mi periódico. Sí, ya sólo será mío, mi tesoro. El tío me mira y flipa. Éste se cree que me llevo una propiedad del Ginos. Lo que me faltaba, que hasta ahí no llego hombre. Comprende por fin su gran error -o eso creo- que es mío, que se ha sobrado y que debería disculparse. ¿Disculparse?, si es que sólo hago decir chorradas. Por favor, que lo último es reconocerlo. Parece mentira que aún no haya pillado esta máxima del distrito. De verdad, es que a una no la respetan ya ni aparcando el uniforme.

2 Comments:
Me gusta leerte. Me encanta que me hagas recordar anécdotas no muy lejanas similares a estas. Dentro de la ficción y VEROsimilitud la vida, aunque pasen unos años, se maneja de la misma manera: pala, escobijo y a lo gordo. ¿Que triste verdad? Pues desde aquí te digo que no lo es tanto. No cambiaría esa etapa de mi vida por nada del mundo. Cuando escucho la radio y ponen alguna canción de esa época se me pone la piel de “gallo” recordando como peinaba la acera con el frío carabanchelero cortándome la cara…
Vera, me asustas, no conocia esa parte oscura de ti!
Publicar un comentario
<< Home