El Lamedor de Carros
Que la gente es cada vez más rarita no es nada nuevo, yo soy testigo.Que es cada vez más huraña, irascible, independiente por no decir egoísta, autosuficiente, solitaria, ¡dios!, ¿en qué nos estamos convirtiendo?. Hay quien lo duda sí, pero yo, la barrendera de turno, la ecológica operaria, la inimitable, la inconfundible, la calle propiamente dicha, estoy en posesión de la verdad...lo veo cada día.
Estoy en una avenida principal, que cualquiera diría que la gente se corta más por aquello del ridículo ante la masa, pues no, nada más lejos de la realidad. Acabo de llenar las dos magníficas bolsas verdes de basura, porquería, de mierda vamos, y me dispongo a cerrarlas preocupada sólo de que no se rompan, dudando si quitarme o no los guantes, concentrándome en los nudos, pensando en lo que me queda todavía, resignándome vaya, que no me queda otra, cuando así de repente, ocurre. Estoy haciendo un nudito en una de ellas, me he pillado el guante, tiro de él, nada que no hay manera, ni me imagino lo que estarán pensando de mí los viandantes, menuda estampa y yo con estos pelos, de haber sabido que sería centro de atención me habría pintado el ojo, eso como poco. Pero nadie se da ni cuenta, aún no asimilo que soy parte del moviliario urbano, un árbol más, qué digo, una papelera más conjunto del set "Madrid limpio es capital". Alzo la vista y lo veo. Varón joven, atlético, rapado, vale calvo, atractivo, de los modernitos sin pasarse. Pasa por detrás del carro, ante mí, a veces hacer la calle tiene su recompensa...¡¿pero qué hace?!. No puede ser, esto no está pasando, corrijo, no me puede estar pasando a mí. Vale, tenía asimilado lo de los tontitos ¡pero esto!, sí, es que además de atraer lelos, tengo una especie de gen atrapa raros, esto es increíble, mejor lo dejo. El tío ha pasado por detrás del mango metálico por el que empujo el carro con los guantes negros de, sí, ¡¡mierda!!, y, ¿qué ha hecho?, nada más y nada menos que lamerlo de arriba a abajo. Me quedo estupefacta, perpleja, yo que creía haberlo visto todo. Se va sin más, no sin antes dedicarme una mirada, ni de sorpresa ni leches, que se larga tan tranquilo, como si fuese lo más normal del mundo. No puedo reaccionar. Me entra la risa nerviosa pero después pienso en la basura, los parásitos, los guantes que se caen de..sí, ¡¡mierda!!, esos mismos guantes con que empujo el carro...¡por el mango!. Ahora mismo los gérmenes deben estar acomodándose en su lengua que imagino ya putrefacta, infecta. Pongo gesto de repulsión, espero que no tenga novia, ni plan, ¡que nadie beba de su mismo vaso!. Todo él es un parásito andante. Esto no es real, mi imaginación me desborda.
Me voy de allí trastornada, sin poder creer lo que han visto mis ojos y con un asco que ni te cuento porque, ¡tengo que empujar el carro por donde se ha paseado la lengua de alguien!. Tranquilidad, cosas peores se han visto...o no, que lo que me pasa a mí...no hay quien se locrea. Por suerte llevo mis guantes....¡rotos!, va a ser que hoy no es mi día.
El ruta, ese camión grande que estruja la basura, pasa a recogerme las bolsas, esas que han perdido todo protagonismo aunque voy más cargada que Papá Nöel. Se lo cuento todo mientras recojo. No sabes lo que me acaba de pasar. digo con la ansiedad de quien acaba de cruzarse con un famoso, no si lo mío empieza a ser grave. Él escucha paciente. Terminado el relato duda, no puede ser, dice. Pues sí, respondo yo. Ten cuidado con esa gente. ¡¿Cuidado?!, me sorprendo, ¿de qué?, ¿de que le dé por lavar el carro a lametazos?. Claro que puestos en lo peor, igual le da por lamer el carro que por...vale, no quiero ir más allá. No, si todavía tengo que dar gracias. Pienso en mi spray de defensa pero mi mente me devuelve de continuo al momento lametón. También podría haberle dicho que le diese una pasadita al frontal..qué pasa, es que se cae de mierda. ¿Y a qué le habrá sabido?. El ruta, desesperado, desaparece, no sin antes reirse de mí y allí me quedo, dándole vueltas al asuntillo higiénico.
De regreso al cantón como no, comento lo ocurrido, y he aquí que encuentro múltiples explicaciones al asunto en cuestión. Empastillado, ese tío iba hasta arriba de pastillas, dice una. La coca, deduce otra, efecto clásico. Vale, nadie tiene ni idea pero al parecer todo conduce a lo mismo, alucinaciones extrañas. Nada que igual ha visto el mango brillante de mugre y se ha imaginado cualquier cosa, qué sé yo, un chupa chups, un polo, un caramelo alargado, una tableta de chocolate, un plato de lentejas...he dicho que puede ser cualquier cosa. La gente está fatal, conclusión unánime, como si nosotras estuviésemos muy bien. La soledad, vuelve a decir una. Cada vez hay más enfermedades mentales, vuelve a deducir la otra, ese tío es esquizofrénico. No si sólo nos queda ir de psicólogas por la vida. ¿Llevaba una botella de agua?, ¿pero tú lo viste bien?. El tema empieza a desbordarme, tanta pregunta y tan pocas respuestas. Yo escucho en silencio, que en cuanto diga algo exploto de la risa. Increíble sí, pero la que se queda con el carro chuperreteado, con esa imagen del momento babas y con la idea de una novia, convencida de que al besar, no se lleva restos de parte de la Comunidad de Madrid....esa como siempre, soy yo.
