21.11.06

Esas Encantadoras Abuelitas

El día a día en la calle - máxime en la zona que me ha tocado en suerte - es descorazonador. El que no me ve como un árbol, me mira cual papelera móvil... eso el que llega a percibir mi presencia claro está, que al parecer soy una mezcla entre el hombre invisible y mister proper, y yo sin enterarme. Ahora, eso sí, las que nunca me abandonan, haga sol, llueva o granice - bueno igual me estoy pasando un poco pero en cualquier caso - mis incondicionales, mis fans fuera de toda duda, son ellas, mis niñas, mis jubiladas, esas dulces abuelitas sin más ocupación que sacar a pasear al perro a que esparza sus residuos allí donde le pille... a que cague vaya, que el asunto está claro.
Hoy tengo el día de las ancianas respondonas. Sí, de las de < tengo razón por encima de todo, la verdd absoluta´, y tú, simple mortal... > y es ahí donde te miran por encima del hombro escudándose en la edad, que tenerla la tienen; en la experiencia, siempre dudosa; y como no, en el dinero, que cuando lo hay... En fin, que para no variar, me tocan todas a mí. Lo reconozco aunque viene a ser ya de dominio público el tema.
Nada más salir y ya tengo el primer encontronazo. Mujer adulta - vale anciana, muy anciana - con su perro, chiwawa - una especie de rata cursi con pelito marrón - pasea alegremente por la calle, sí, mi calle. El perrito encantador olisquea, levanta la tierra de los alcorques - qué monada -, da vueltas sin sentido hasta - este momento tenía que llegar - hasta que se acerca a mí. Yo sigo a lo mío, con el cepillo del poder en mis manos, barriendo a la vez que observo esa especie de media cucaracha olfateando las ruedas de mi súper buga y por supuesto, a la anciana feliz que digamos, pasa del perro. Casi estoy por girarme - total, la media rata me resulta indiferente - cuando... < ¡¡NO!!, > y con este chillido de guerra me abalanzo sobre el carro con tal energía, que el perro se aparta de un salto. < ¡En mi carro no!, > claro, aquí estoy ofendida. < Pero si no pasa nada > me dice la abuela a la que analiza al perro. Sí claro, y ahora me tendré que sentir culpable porque al chucho se le ha cortado el pis. < Controle a su perrito señora > Ella me mira con odio. < No es para tanto > repite haciéndose la fuerte chiwawa en mano. Yo le devuelvo la mirada desafiante con mi súper cepillo de campeones - no hay color no - tengo todas las de ganar. Se va, el resultado era evidente: marrana cero, operaria uno. La próxima vez se lo pensará dos veces antes de infectar un carro. ¡Por dios!, ¡que hay cosas intocables en esta vida! Ya me veía oliendo a pis mañanero toda la jornada... que no es para tanto, que no es para tanto...
Prosigo. La mañana está hecha, un poco más y me da la hora de pirarme. Se me acerca, correcto, la abuela de última hora, y yo quería pedérmelo. Que si estoy bien, que si llevo bien el trabajo, que si tengo frío, que si me tengo que cuidar... Hasta aquí pura amabilidad. Sorprendente ¿no?, y tanto que pronto empieza con lo de: < que si hay mucha basura en la calle, cada vez más... > y aquí ya se lanza: < es que con tanto inmigrante, no hacen más que ensucier, dejar mierda por ahí, ¿verdad nena? > Pone tono compasivo y yo, claro, asustada - que se me ha cortado la respiración de un golpe - con tanta exaltación. < Y yo lo siento por ti > me dice antes de irse, nada que al final siempre acabo dando pena. Una palmadita en el hombro, gesto de resignación, un suspirito - éste que nunca falte - de esos de "¡ay lo que nos quedará por ver!", y adiós muy buenas. Se va dejándome boquiabierta, cepillo en mano como siempre, y sin capacidad de reacción. Y encima va de dulce la tía. Me quedo pensando en la relación inmigración-suciedad que no asimilo, ¿será que soy barrendera? Es que no doy para más qué se le va a hacer.
Minutos más tarde, cuando ya creía zanjado el tema me aborda otra. Venga y ya van tres. ¿Qué va a ser ahora?, ¿la crisis internacional, el petróleo, la caída de la bolsa, estos chinos acapara tiendas... ? Mismo comienzo, idéntica conclusión, esta vez orientada a lo económico... que ahí les duele que ni te cuento. Otra vez las clásicas preguntas preparatorias: que si estoy bien, que cómo lo llevo... ¡al grano señora, al grano! < Yo lo que veo mucho ahora > inicia su charlita así y yo ni pienso en lo que verá... < Veo mucha inmigrante en esto de la limpieza ¿no? > La ignoro que ya me empieza a superar el temita. < Lo que os faltaba, ¡pobres!, que encima os quitasen el poco trabajo que tenéis > y diciendo esto se va. No sé cómo tomármelo, cualquiera diría que es inducción al motín. ¡Y encima me llama pobre!, pero ¡adonde vamos a llegar!
Prosigo, casi mejor ignorarlas, que hoy están en un plan macarra... Al poco me sale otra al paso. < ¡Cuánta mierda!, > así del tirón, directa al temita que quién sabe cómo terminará esta vez. < Y luego dirán que son los perros > dice indignada. Bueno, algo de razón tienen, pienso yo, pero claro ésta debe de ser de las de "mascota forever" tatuado en el antebrazo. < Y para ti todo > me dice con lástima. No voy a contestar a eso, no voy a contestar a eso. Parece que se va cuando... no, va a ser que no tengo suerte, vuelve a hacerme un último apunte que espero con resignación. < Gracias > dice y ahora sí, desaparece. Sin palabras, me ha dejado sin palabras.